A fuerza de meternos en todos los saraos moteros de la provincia, cada vez son más los que ponen cara a los que formamos esta iniciativa llamada Huelva Motera. ¿Cuántas veces habremos escuchado eso de “estáis en todas partes”, “no paráis”, “os apuntáis a todo”, etc? Y razón no les falta, desde que en junio de 2014 naciera este proyecto ya no sabría dar una cifra de los eventos a los que hemos asistido para contarlo después.

Con la intención de dinamizar el mundo motero en la provincia de Huelva arrancábamos una aventurilla en este mundo que nos apasiona, el de las motos. Tratamos de mantener una vía de información directa con todos los aficionados, os contamos lo que está por venir, lo que ha pasado, algún que otro reportaje y varias entrevistas a distintos personajes.

En este tiempo hemos visto crecer la marca y hacerse cada vez con más seguidores, moteros a los que les gusta lo que vamos publicando. El número de aficionados a las motos que nos van siguiendo va creciendo, lenta pero continuamente, y no sólo desde Huelva. Un creciente número de amigos van apareciendo fuera de nuestra provincia e -incluso- de España. Vamos teniendo amigos a los que no conocemos personalmente y es por eso que hoy queremos presentarnos los que estamos detrás de todo esto.

Mario Hermida

Apasionado por las motos desde muy pequeñín, crecí en una familia en la que ni se podía hablar de esas máquinas infernales con dos ruedas. Siempre me imaginé en una moto trail cargada viajando por cualquier parte y es esa la imagen que aún hoy me sigue gustando.

Hay muchas clases de moteros: circuiteros, viajeros, endureros, customeros, de barra de bar, de postureo, de ciudad, aventureros, de fin de semana, de arrastrar rodilla en la carretera… Cualquier tipo de motero es muy respetable, pero claro, yo también tengo mis preferencias. Me considero un motero viajero y aventurero, aunque apenas viaje en moto y lo de las aventuras aún menos, para viajar hace falta pasta y para grandes viajes aún más, así que voy matando el gusanillo con lo que se va pudiendo. Siempre me he preguntado qué viajes haría si pudiera, pero la pregunta correcta sería “¿a dónde no iría?”.  Las concentraciones nunca han sido algo que me atraiga mucho -¿quién lo diría?-, para mí un buen día empieza arrancando a las 8:30 de la mañana y termina guardando la moto a las 22:30 de la noche con 600 o 700 km de curvas, reventado pero con una sonrisa que no me quepa en el casco.

Lo del periodismo llevo haciéndolo ya bastantes años, pues me vengo dedicando de lleno a estas labores desde el año 2.006. Lo de la fotografía viene desde mucho antes, ni me acuerdo desde cuándo, pero ya hacía mis reportajes el milenio pasado con cámaras de carrete, ahora -con el paso al digital- he descubierto un nuevo mundo de posibilidades en el que ando investigando y aprendiendo cada día.

La idea de crear Huelva Motera vino de tratar de unir lo que me gusta y lo que -de mejor o peor modo- sé hacer, el resto ya lo conoces.

Rosa Caballero

No había subido a una moto desde que -en la adolescencia- un vespino me dejó un bonito recuerdo en la pantorrilla con el tubo de escape. Paso mi día a día en un aula llena de niños a los que intento educar y enseñar.

Al conocer a Mario en 2009 empecé a conocer esto de las motos; recuerdo mi primera vez al pasar por una rotonda, la moto se inclinó a un lado y a otro antes de acelerar y dije “¡Huy, qué chulo!”. Desde aquella rotonda han caído muchos kilómetros en el asiento de esa moto negra, muchas excursiones, algunos viajes, infinitas curvas y no pocas jornadas maratonianas compartiendo esta pasión con Mario. Afortunadamente me gustó el rollo de las motos y no me echo para atrás a la hora de pegarme una kilometrada sin un rumbo fijo, como suele decir Mario: “Me ha salido dura”. No me asustan las largas distancias, ni la lluvia, ni el frío ni el calor. Incluso he retomado la acampada, ese arte de la adolescencia casi olvidado.

También prefiero una bonita rodada antes que las concentraciones, pero ahora es lo que ha tocado hacer. Mi papel en Huelva Motera se centra más en las relaciones públicas, me encargo del merchandising, y soy esa vocecita de la conciencia que no deja que el del teclado se duerma en los laureles; también cojo la cámara de fotos mientras vamos en ruta.

Black Queen

Y me tocó a mí presentarme, soy la negra, la de los 200 y pico kilos, la de las dos ruedas, soy una Suzuki V Strom 650 a la que Mario llama cariñosamente Black Queen (Reina negra) y muchos me llaman por el diminutivo de Blacky. Llegué a manos de Mario en diciembre de 2007 y desde entonces no me ha dejado parar, en el momento de ponerme a recordar llevamos algo más de 8 años juntos y llevo ya recorridos más de 180.000 km. Hace tiempo que perdí la cuenta de las veces que me han cambiado el aceite, de cuántas pastillas de frenos llevo utilizadas, de cuántos zapatos he destrozado correteando por ahí o de cuántos kits de arrastre me he pulido. A mi dueño le gusta llevarme siempre con las “maletitas” puestas, ya sea para viajar, para rutear, callejear o para salirse del asfalto. El muy bruto no tiene límites a la hora de cargarme pero yo no me quejo, por lo menos me saca a pasear con frecuencia. Mi dueño no escatima en mi mantenimiento, pero en mi limpieza… ese es otro cantar.

A Mario le gusta llevarme a ritmo tranquilo, no es de los que tienen prisa por llegar a los sitios, le gusta que vayamos contemplando el paisaje por el que pasamos. Tanto le gustan los paisajes que me lleva a buscar nuevos sitios que admirar cada vez que puede, y para eso le da igual ir por asfalto que por tierra. Ni que decir tiene que jamás he cortado encendido ni he quemado rueda ni nada por el estilo y se lo agradezco llevándoles a todas partes sin quejarme de nada. La verdad es que son tantas las horas que hemos pasado juntos que nos hemos hecho buenos amigos.  A mí, como a Rosa y a Mario, también me gusta rodar y rodar a ritmo tranquilo, y si no volvemos a casa a dormir, mejor que mejor. Mi mayor deseo es seguir acumulando historias y viendo nuevos parajes.