Momentos que quedarán para siempre

Hay momentos en la vida que te suelen dibujar una sonrisa en la cara, hay momentos que -por definición- son festejables, son buenos, agradables, bonitos. En determinadas ocasiones y por el motivo que sea pueden ser excepcionalmente bonitos, especialmente destacados.

Las motos son una fuente casi inagotable de satisfacción, nos gusta esa sensación de libertad, ese sentimiento que nos produce el estar rodando; es el aire en la cara, es el movernos sobre dos ruedas, es el paisaje, es el sonido del motor, es la aceleración, es la adrenalina, es la diversión, es todo eso y mucho más.

Pero hay vida más allá de las motos y en esa vida también tenemos nuestras satisfacciones, el amor, la amistad, un baño en verano, una chimenea en invierno, la música, un helado, una celebración y mil ocasiones más. La vida está llena de momentos en los que nos olvidamos de los problemas y simplemente sonreímos, estamos felices, disfrutamos del instante que el destino nos ha puesto por delante.

Cuando dos más dos suman cinco

Pero ¿qué pasa si varias de las muchas fuentes de satisfacción confluyen en el espacio y el tiempo? Todo se multiplica, ¿verdad?

Se me viene a la cabeza la idea de unir por ejemplo un cumpleaños, unos amigos, las motos, unas tostadas y tu chica. Hay uno de esos refranes moteros que dicen: “Si una mujer te quiere no te pide que vendas tu moto, te pide un casco”, evidentemente, este refrán es plenamente extrapolable al sexo contrario.

Recientemente tenía el privilegio de presenciar, ¿qué digo, presenciar?, de participar en uno de esos momentos en los que se alinean varios astros y propician uno de esos momentos en los que uno no puede pedirle más  a la vida. A cualquiera le gusta una sorpresa de su pareja, pero es que hay sorpresas y sorpresas. Siempre es bonito encontrarte con una cenita romántica con la que no contabas, con una tartita que no esperabas, ¿a quién no le gusta un regalito que -independientemente de su valor económico- nos han preparado con todo el cariño del mundo?, incluso el típico “SORPREESAAAAA”  de unos amigos escondidos en el restaurante esperando tu llegada totalmente ajeno a todo.

Pero hay veces en las que hay que quitarse el sombrero, y ahora sí voy a contar la experiencia de la que fui partícipe. Un jueves por la tarde suena una campanita en el móvil que dice que tienes un mensaje en el messenger de facebook, es esa chica que has visto varias veces en los saraos moteros, esa que acompaña a su novio en su pasión, las motos. Los había visto “babear” el uno con el otro tanto en vivo como a través de los estados de esta red social, incluso me había choteado de ellos, y es que el que me conoce sabe que me gustar reirme hasta de mi sombra, pero siempre de buen rollo, ¿eh? Pues bien, este mensaje decía que el domingo era el cumpleaños de su chico y que está intentando reunir a un grupo de amigos que vayamos a su casa a despertarle con los motores de las motos debajo de su ventana, que después nos invitaba a desayunar.

Sorpresón

La idea era cojonuda, había asistido a acompañamientos moteros en bodas, en entierros, a deportistas, pero esta idea era nueva para mí. Íbamos a despertar a este chico a la tremenda, sé que es un apasionado de las motos y sé que disfruta de cada kilómetro que recorre a bordo de su máquina, y mucho más si su chica va sentada detrás de él. Estoy seguro de que va a flipar.

“Me encanta la idea, voy a tratar de ir, ¿cuánta gente va?”, por el momento no han respondido muchos pero da igual, me encanta. Tenemos el hándicap de que el homenajeado es un “cotilla” y está metido en todos los grupos de facebook, de whatsapp, de tertulia, de pesca, de manualidades, de transplantados, de alcohólicos o de cualquier cosa con tal de que se hable de motos. Esta omnipresencia complica un pelín las cosas, se trata de reunir a cuantos más amigos mejor, pero no podemos hacer un llamamiento público, porque él sería el primero en enterarse y a ver qué hacemos…

Y funcionó

Pues con todo el esfuerzo del mundo y tratando de evitar que su pareja haga otros planes sin que sospeche nada, la artífice de todo esto consigue reunir a un pequeño grupo, no son muchos pero es que lo tenía realmente difícil. Cinco motos llegaban el domingo por la mañana a la puerta de su chico, de donde ella se aseguró que no se moviera, y empezaban a liarla. Miles de veces hemos escuchado el rugir de los motores de nuestras máquinas pero esta vez era diferente. Poco después se abría la puerta y asomaba el “cumpleañero” con gesto incrédulo y una enorme sonrisa que no le dejaba ocultar la emoción que sentía. Detrás de él salía a la puerta ella, la “culpable”, todo había funcionado, había conseguido sorprender a su chico y lo había hecho con algo que a él le apasionaba, con las motos. Tras los saludos, los abrazos, las felicitaciones y las primeras risas todo volvía a la calma y fue entonces cuando él dijo: “mira, tócame el pecho, fíjate en cómo me late el corazón”, “y mírame las piernas, están temblando”. No hay duda, la sorpresa ha sido mayúscula y apostaría lo que fuera a que le ha encantado.

¿Qué más se puede pedir?

Pero bueno, ya está bien de cháchara, es hora de hacer algo. “Vestiros y coged la moto, que nos vamos a dar una vuelta”. Mientras la parejita se preparaba, nosotros les esperábamos en el bar para salir a dar una vuelta en moto, desayunaríamos por ahí y volveríamos pronto, que cada cual tiene sus planes. Poco más de 100 km recorrimos entre ida y vuelta, una moto deportiva, una naked, dos trail y una custom; amigos que tienen entre veintiuno y cincuenta y pico años, ¿qué más da? Aquí no hay modelos ni estilos de moto, no hay edades, aquí lo que hay es amistad y pasión por las motos, y -por encima de todo- el amor de una chica que ha sido capaz de orquestarlo todo contra viento y marea para darle a su piloto un momento inolvidable. Esto es algo que no tiene precio.

Muchas felicidades al cumpleañeros (ya con retraso) y muchos años de felicidad para la parejita, que sigáis siempre así.