La Convivencia Motera de Las Delgadas vuelve un año más a satisfacer las expectativas

El pasado sábado 22 de septiembre teníamos una cita en la Cuenca Minera, una cita que era mitad motera y mitad gastronómica, una convivencia motera que en su VI edición volvía a proporcionar a los participantes un gran día de esto que tanto nos gusta.

Empezaba la jornada con un ratito de moto (el que pudiera, porque un servidor la tenía en el taller y me tocó ir enlatado), había que llegar a Las Delgadas y ya el camino hasta allí puede dibujar un sonrisa en la cara debajo del casco. A partir de las 9 de la mañana estaban disponibles las inscripciones, alguno había ya por allí a esa hora, pero la mayoría se dejó ir un poco más; más de uno llegó con el tiempo justo de inscribirse y desayunar rápido antes de empezar la ruta por la zona. Para empezar la jornada alimentándonos teníamos un autoservicio que hacía llevarse las manos a la cabeza: ¿por dónde empiezo?, ¿qué me dejo atrás?, ¿podré con todo?, y es que teníamos una mesa con un montón de viandas variadas para elegir y servirse uno mismo: jamón, tostadas, aceite, paté, mantequilla, migas y tal vez me deje algo atrás, para empujarle para adentro a todo esto, pues lo típico, café, leche, colacao y esas cosillas. El bufé libre para desayunar nos puso las pilas para afrontar el duro día que teníamos por delante, nos quedaba un bonito paseo por la Cuenca Minera con varias paradas para tomar un refresquito y una degustación a mitad de ruta antes de sentarnos a comer en serio.

Tal y como estaba en el programa, sobre las 11:00 nos poníamos en marcha para hacer la ruta que nos había preparado la organización; el calor ya apretaba y la cosa no iba a mejorar a lo largo del día, mientras nos organizábamos para salir a la carretera aprovechábamos cualquier sombra que tuviéramos disponible en la aldea minera.

Los participantes van llegando a Las Delgadas y metiéndose hasta el fondo en la aldea

Los participantes van llegando a Las Delgadas y metiéndose hasta el fondo en la aldea

Aquí tenemos la cadena de montaje del desayuno, uno cortando jamón, otro preparando la tostada, una mirando y el otro separando platos... esto funciona

Aquí tenemos la cadena de montaje del desayuno, uno cortando jamón, otro preparando la tostada, una mirando y el otro separando platos… esto funciona

Todos listos para salir de ruta, pero mientras salimos o no... a la sombrita, que el calor aprieta

Todos listos para salir de ruta, pero mientras salimos o no… a la sombrita, que el calor aprieta

Una larga fila de motos llenó la carretera de acceso a Las Delgadas

Una larga fila de motos llenó la carretera de acceso a Las Delgadas

Pues arrancamos y empezamos a rodar, a ritmo tranquilo pero no aburrido, el trazado de la carretera que nos lleva a la A-476 es muy bonito, lástima que sea tan corto. Al acceder a esta carretera nos dirigimos al primer punto donde estaba prevista una parada, en Nerva. Supuestamente el Robles nos estaría esperando para ponernos una cervecita, pero decidió que no abriría “tan temprano” y sin avisar ni nada nos dejó esperando a pesar de estar advertido de nuestra llegada, un detalle a tener en cuenta de cara a futuras visitas.

Primera parada en ruta, Nerva fue la localidad elegida para el primer refresquito

Primera parada en ruta, Nerva fue la localidad elegida para el primer refresquito

Esta pobre muchacha tuvo la osadía de avisar a uno de que le iba a hacer una foto a traición, aquí tiene mi merecida venganza

Esta pobre muchacha tuvo la osadía de avisar a uno de que le iba a hacer una foto a traición, aquí tiene mi merecida venganza

Afortunadamente, estamos en tierra de bares y en el Círculo Comercial estuvieron encantados de atender a un montón de moteros sedientos. Allí estuvimos un ratito refrescándonos el gañote antes de volver a la carretera; se estaba bien, pero había que continuar la ruta, así que regresamos a las motos y a la carretera.

Ya nos hemos rehidratado, así que a las motos y de vuelta a la carretera

Ya nos hemos rehidratado, así que a las motos y de vuelta a la carretera

Un saludo a la cámara recorriendo las calles de Nerva

Un saludo a la cámara recorriendo las calles de Nerva

Y ya por aquí se va acabando el follón que fuimos liando por Nerva, ahora vamos a formarla a otra parte

Y ya por aquí se va acabando el follón que fuimos liando por Nerva, ahora vamos a formarla a otra parte

Un paseo realmente agradable el que nos dimos por la comarca minera

Un paseo realmente agradable el que nos dimos por la comarca minera

Una ventaja de las reuniones moteras menos multitudinarias es que admiten una cierta dosis de improvisación, empezó a correr entre los participantes la petición de hacer una parada en El Madroño y desde la organización se aceptó la propuesta, así que una parada más para la ruta. Volvimos a romper la monotonía en esta pequeña localidad el rato que estuvimos tomándonos otra cervecita.

Durante la ruta hicimos una breve incursión en la provincia de Sevilla

Durante la ruta hicimos una breve incursión en la provincia de Sevilla

Llegó la hora de revolucionar El Madroño, que estaba demasiado tranquila esta gente

Llegó la hora de revolucionar El Madroño, que estaba demasiado tranquila esta gente

Con lo tranquilitos que estaban en el bar de El Madroño

Con lo tranquilitos que estaban en el bar de El Madroño

Trabajo hecho, ya hemos revolucionado la tranqulidad del bar y nos hemos refrescado un poco, vuelta a la carretera

Trabajo hecho, ya hemos revolucionado la tranqulidad del bar y nos hemos refrescado un poco, vuelta a la carretera

La siguiente parada prevista era ya en Marigenta, previo paso por mitad del pueblo de Berrocal, una localidad con calles muy estrechas que nos obligó a circular en fila india mientras atravesábamos el pueblo. Al salir nos dirigíamos ya a Marigenta, otra pequeña aldea que también vio con sorpresa como las motos tomaban y llenaban literalmente las calles y exigió una cierta dosis de astucia en los pilotos para encontrar un sitio para aparcar la moto. En Marigenta teníamos preparada una caldereta de Venado que quitaba “el sentío”, sin miserias, había que terminarla. No sé si se llegó a terminar o no, pero no escuché a nadie quejarse ni de que faltara ni de que estuviera mala. En una pequeña placita que tiene la aldea se colocaron unos toldos y una barra para hacer más cómodo nuestro paso por allí y para agilizar el reparto de comida y bebida.

Es la hora de jugar al tetris para meter todas las motos en Marigenta

Es la hora de jugar al tetris para meter todas las motos en Marigenta

Los amigos de The Route Friends nos acompañaron un rato

Los amigos de The Route Friends nos acompañaron un rato

Bueno, con la pinta de malote que tiene el de la izquierda y míralo, comiéndole la orejita al colega. A dónde vamos a llegar

Bueno, con la pinta de malote que tiene el de la izquierda y míralo, comiéndole la orejita al colega. A dónde vamos a llegar

Los de la peña gastromotera La Última haciendo honor a su nombre, los platos ya están vacíos

Los de la peña gastromotera La Última haciendo honor a su nombre, los platos ya están vacíos

Al llegar la hora de retomar la ruta salíamos de allí por una pequeña y empinada cuesta abajo que nos devolvía a la carretera que nos llevaría hasta la N-435. Una vez en este punto tomábamos rumbo a Zalamea y El Campillo, localidad ésta última en la que entramos para atravesarla por su interior sembrando una vez más la curiosidad en los lugareños, que se asomaban a las puertas para ver qué pasaba por ahí. Pero no teníamos parada en El Campillo, sino que continuamos la marcha ya hasta Riotinto, donde teníamos otra parada para echar otro refresco antes de llegar a Las Delgadas y sentarnos a comer en serio (que lo de la caldereta de venado era sólo un aperitivo). Hacía mucho calor y todas las paradas para tomarnos algo eran bien recibidas, y ésta no iba a ser menos. Pero llegó la hora una vez más de volver a subirnos a la moto y echarnos a la carretera, ya a por el último tramo, la próxima parada ya sería en Las Delgadas, donde nos esperaba la comilona de verdad.

A esto es a lo que yo le llamo refrescarse las aletas, lo demás es coña

A esto es a lo que yo le llamo refrescarse las aletas, lo demás es coña

Otro saludito a la cámara, y esta vez en curva, suerte que vamos tranquilitos

Otro saludito a la cámara, y esta vez en curva, suerte que vamos tranquilitos

Un pequeño homenaje a Manolo, el que me dejó subirme en su moto de paquete para hacer la ruta. Cosas de que a uno se le averíe la moto en la fecha equivocada

Un pequeño homenaje a Manolo, el que me dejó subirme en su moto de paquete para hacer la ruta. Cosas de que a uno se le averíe la moto en la fecha equivocada

Y entrada del pelotón de vuelta en Las Delgadas

Y entrada del pelotón de vuelta en Las Delgadas

Rogelio, paleta en mano, terminando de preparar la paella de marisco que nos comimos, entre otras muchas cosas

Rogelio, paleta en mano, terminando de preparar la paella de marisco que nos comimos, entre otras muchas cosas

A este lugareñoo le gustó el trike que visitó Las Delgadas, ya mismo lo vemos con un casco puesto

A este lugareñoo le gustó el trike que visitó Las Delgadas, ya mismo lo vemos con un casco puesto

Aquí el equipo encargado de que todo saliera rodado

Aquí el equipo encargado de que todo saliera rodado

La Última hace entrega a la organización de una placa para recordarles su paso por el evento

La Última hace entrega a la organización de una placa para recordarles su paso por el evento

El Comandante y el piloto de la moto de la cámara, calculando el rato que les va a costar acabar con las existencias de las botellas

El Comandante y el piloto de la moto de la cámara, calculando el rato que les va a costar acabar con las existencias de las botellas

Al llegar todavía tuvimos un ratito para regar la plaza, pero no mucho, que pronto empezó a salir la comida. Así, a modo de entrante, nos pusieron un gazpacho de otoño fresquito que se agradeció mucho, no sólo por lo fresquito -que no es poco, con el calor que hacía- sino por lo rico que estaba, un sabor muy peculiar para  los que solemos tomar gazpacho pero muy bueno. Después vino el potaje de garbanzos, que tampoco estaba para dejárselo allí y luego salió la paella de marisco, después llegó la fruta fresca de postre y -si a alguien le quedaba algún hueco- el café con pasteles. Seguro que más de uno se quedaría esa noche sin cenar, pero no por castigo, sino por necesidad absoluta. Desde que llegamos por la mañana con el desayuno, las tres consumiciones, la caldereta de venado y el almuerzo, una cosa tenía clara el equipo de organización y es que de Las Delgadas no iba a salir nadie con hambre ni diciendo que no le ha gustado lo que ha comido; los 15 euros de la inscripción están más que amortizados, nos los llevamos en el estómago y en la satisfacción de haber pasado un gran día en compañía de los amigos, de esta gran familia motera. Tras el café ya serían cerca de las 17:30 h. de la tarde y era la hora de las copas para los que pudieran permitírselo, pero muchos teníamos que volver a casa conduciendo y tuvimos que hacer un acto de voluntad y dejar pasar la ocasión. Al final de la jornada, la peña gastro-motera “La Última” hacía entrega a la organización de una placa que les recordara su paso por ésta, la VI Convivencia Motera de Las Delgadas. Con esto dábamos por concluida la jornada y poníamos rumbo a casa, a darnos una duchita y a pensar en la siguiente salida motera que vamos a hacer.

Una vez más, la sección de los enchufados, y haciendo recuento de las fotos echo en falta a uno, le debo una foto a Antonio Hidalgo.

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