Convivencia motera y comilona “a tuti plen” en Las Delgadas

Pues sí, vaya manera de comer la del sábado en la V Convivencia Motera de Las Delgadas. Esta pequeña aldea de la Cuenca Minera fue el escenario de una reunión motera que ya va por su quinta edición. Las características del lugar hacen complicado el que allí se organice una reunión motera de esas de más de 200 inscritos, sin embargo, el sábado pasado se llenó de motos y de moteros; la tranquila y apacible vida en Las Delgadas se vio un poco ajetreada en esta jornada en la que recibió a más visitantes que en semanas y quizás meses.

Van llegando los participantes

Van llegando los participantes

Lo primero es inscribirse, no nos vayamos a quedar fuera

Lo primero es inscribirse, no nos vayamos a quedar fuera

Siguen llegando los participantes

Siguen llegando los participantes

Preparándose el desayuno, todo incluído, ¿eh? el jamón también

Preparándose el desayuno, todo incluído, ¿eh? el jamón también

Y poco a poco, la plaza se va ambientando

Y poco a poco, la plaza se va ambientando

Así lucía una "tostaíta"

Así lucía una “tostaíta”

Empezamos la ruta por la comarca

Empezamos la ruta por la comarca

La convivencia motera tenía un programa muy efectivo, se trataba de reunir a un buen puñado de amigos y aficionados a las motos para pasar el día, dar una vuelta en moto por la zona y comer, comer y comer. Sí, has leído bien, comer, comer y comer; si hay algo que caracterice a esta convivencia motera y que la diferencie radicalmente de otras es que no es apta para los que intentan perder peso. Al llegar a la aldea, aparcar y pasar al salón en el que se alojaba la reunión nos encontrábamos con el desayuno por delante: un enorme perol de migas para que te sirvieras lo que quisieras, si eres más tradicional y te van más las tostadas no hay problema, tenías tus “tostaítas” y podías “refregarle” ajo, ponerles aceite o mantequilla y en la esquina tenías un jamón, que sí, un jamón para que te cortes el que quieras y se lo pongas a la tostada; para empujarle a lo que te comieras tenías café, colacao, infusiones… en definitiva, que no ibas a ponerte en ruta con el estómago vacío. Uno, que es desconfiado por naturaleza, salió de casa con el estómago lleno y no pudo hacer frente a este desayuno como le hubiera gustado, a ver el año que viene…

Una brevísima parada en Zalamea para reivindicar el asfaltado de las calles de Las Delgadas

Una brevísima parada en Zalamea para reivindicar el asfaltado de las calles de Las Delgadas

Invasión motera en Marigenta aquí tomaríamos la caldereta de venado

Invasión motera en Marigenta aquí tomaríamos la caldereta de venado

Llenamos esta placita de motos

Llenamos esta placita de motos

Gente seria donde las haya...

Gente seria donde las haya…

El reparto de la caldereta en Marigenta

El reparto de la caldereta en Marigenta

La caravana se estiró durante la ruta

La caravana se estiró durante la ruta

Una parada para reagruparnos en El Madroño

Una parada para reagruparnos en El Madroño

Pues nada, esto era llegar, inscribirse y empezar a comer, lo de charlar… pues lo que se podía entre bocado y bocado. El acceso al lugar de reunión tiene un firme bastante irregular (ya llevan tiempo los vecinos de la aldea pidiendo un asfaltado de la calle) por lo que muchos de los participantes optaron por dejar la moto arriba y hacer los últimos 50 metros a pie para evitar el riesgo de una caída tonta.

Tal y como estaba previsto, algo después de las 11:00 de la mañana nos poníamos en marcha, subíamos a las motos y empezábamos la ruta por la comarca. Pocos minutos después de iniciar el paseo hacíamos una primera parada en Riotinto para tomar algo. Continuábamos después en carretera hasta llegar a Zalamea, localidad que cruzamos y en la que hicimos una brevísima parada en el Ayuntamiento, se trataba de una parada reivindicativa para que se acometan los trabajos de asfaltado de las calles de Las Delgadas. Ni un minuto estuvimos detenidos allí y continuamos la marcha hacia la siguiente parada, que tendría lugar en Marigenta; esta parada sí sería ya más extensa y allí nos sirvieron una caldereta de venado que quitaba “el sentío”. Entre la caldereta, la cervecita y la charla llegó la hora de volver a ponernos en marcha, pasaríamos por El Berrocal, por El Madroño y por Nerva, aquí volveríamos a pararnos y con el paseo lleno de motos echamos otro refrigerio mientras se acercaba la hora de la comida (el almuerzo, se entiende, que comer ya íbamos bien comidos). Al llegar de nuevo a la aldea de Las Delgadas hubo de nuevo bastantes participantes que optaron por dejar sus motos aparcadas en la parte de arriba y hacer el último tramo a pie para buscar el almuerzo.

Entrada a Nerva

Entrada a Nerva

Y también hoy hubo quien pidió una fotillo con su colega

Y también hoy hubo quien pidió una fotillo con su colega

El Paseo de Nerva se hizo motero

El Paseo de Nerva se hizo motero

Pues yo aparco mi moto en la puerta del Ayuntamiento, ¡hala!

Pues yo aparco mi moto en la puerta del Ayuntamiento, ¡hala!

Bonita carretera la que nos lleva a Las Delgadas

Bonita carretera la que nos lleva a Las Delgadas

Y llegada al punto de partida

Y llegada al punto de partida

Un potaje de garbanzos, una paella y un gazpachito fresquito fueron el menú del mediodía, no fuéramos a quedarnos con hambre. La comida se alargó y se alargó, no había prisa ninguna y mucho género que gastar, así que sin prisa pero sin pausa nos deleitamos de esta comilona. Luego vendría el café con dulces, ¿es que esto no se va a acabar nunca? La organización repartió los pasteles por las mesas y los cafés eran como en el desayuno, en plan autoservicio.

Impacientes por la llegada de la comida

Impacientes por la llegada de la comida

Esta pinta tenía la paellita, no se ve mal, ¿eh?

Esta pinta tenía la paellita, no se ve mal, ¿eh?

Ya no hay prisas, con la comida por delante que nos dejen tranquilos

Ya no hay prisas, con la comida por delante que nos dejen tranquilos

La peña gastromotera La Última entregó un recuerdo a la organización de la convivencia

La peña gastromotera La Última entregó un recuerdo a la organización de la convivencia

Poco quedaba ya por hacer allí, terminar de menear el bigote, levantarnos de la mesa (algunos con no pocas dificultades), despedirse de los compañeros y marcharse de allí. Algunas fotillos de grupo antes de iniciar el camino de vuelta a casa y ahora toca subir la cuesta, si la subes en moto bien está, pero los que dejaron la moto arriba… que lo cuenten ellos mismos. Con un regreso a casa cuando ya el sol estaba dejando de apretar dábamos por terminada la jornada. Una convivencia motera o una convivencia gastronómica para moteros, da igual, la cuestión es que echamos un día de los que le arrancan a uno la sonrisa cuando lo recuerdas.

Aquí llega la sección de los enchufados 😉

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AQUÍ tienes todas las fotos tomadas por la cámara de Huelva Motera.